Los chicos del CADIG se van de casa rural

Una escapada inolvidable

Durante unos días muy especiales, los chicos del CADIG dejaron atrás la rutina para disfrutar de una escapada única en plena naturaleza. La casa rural, ubicada en un entorno tranquilo y rodeado de montañas y árboles, se convirtió en el escenario perfecto para compartir risas y momentos que quedarán en el recuerdo de todos.

Desde el primer momento, la emoción se respiraba en el ambiente. Las maletas cargadas de ilusión y los corazones abiertos a la aventura marcaron el inicio de una experiencia diferente. 

Los días comenzaron con desayunos compartidos al aire libre entre tertulias. Las actividades fueron variadas y adaptadas a todos: desde paseos por el campo, talleres de manualidades, hasta chapuzones en la piscina. Las comidas eran otro punto de encuentro. Más allá de los platos (que estaban riquísimos), era el momento de sentarse juntos, charlar, reírse de lo vivido ese día y contar historias de su vida, conviviendo de una forma más cercana con los compañeros y responsables.

Pero si hubo momentos que se ganaron el corazón de todos, fueron los de la música y el baile. Cada tarde, sacábamos el altavoz, elegíamos las canciones favoritas del grupo y la terraza se transformaba en una auténtica pista de baile. No faltaron los grandes clásicos, las coreografías espontáneas ni los coros improvisados. Las risas, la música y la complicidad entre todos los asistentes llenaron la casa rural de una energía especial.

Además de la diversión, la estancia en la casa rural fue también una oportunidad para seguir trabajando en valores como la convivencia, la cooperación y el respeto. Se fortalecieron vínculos y se aprendieron nuevas habilidades.

Al regresar, todos coincidieron en algo: querían quedarse allí, la experiencia había sido un éxito. Habíamos convivido, aprendido, desconectado, disfrutado. Y sobre todo, habíamos reforzado eso que no se enseña con palabras: el valor de estar juntos.

Una vez más, los chicos del CADIG demostraron que no hace falta ir muy lejos para vivir algo grande. Solo se necesita un poco de naturaleza, buena compañía… y muchas ganas de compartir.


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